HOLISTICA: UNA LUZ VERTEBRADORA PARA EL CAMBIO
Holistic: a guiding ligth for
change
Prof. Gamal Abdel Cerda E.
Resumen
La modernidad muestra signos de una sociedad “ansiógena”; al ser
humano le resulta difícil
adherirse al cambio, a un progreso permanente y vertiginoso, cuya
rapidez lo perturba y
desestabiliza. Emerge el desencanto, la abulia o el desenfreno; la
exaltación de los derechos
y, a la vez, una ingenua justificación que soslaya deberes
inseparables a éstos. Opciones de
vida que trasuntan, por una parte, una búsqueda de felicidad
individual, con una valoración
del placer, en un intento de ser más que nada “él mismo”, o bien
el escape, la
autocomplacencia, la enajenación, verse a sí mismo como ajeno al
mundo, incapaz de
integrarse a él, desagregado.
Una mirada retrospectiva de la humanidad permite constatar, por un
lado, que esta situación
de crisis no es nueva; pero, por otro, rastrear y rescatar los
planteamientos, ideas y
propuestas de filósofos, científicos y educadores frente a ello.
Se observa, en este proceso, un
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conjunto de ideas vertebradoras, axiales y fundantes, que
convergen en un paradigma global,
totalizante, holístico. Una respuesta amplia, integral y
unificadora, para fenómenos de iguales
características. La educación debe atender y acoger estas ideas,
capitalizando la oportunidad
que le ofrece la reforma educacional en marcha.
Abstract
A pervading anxiety marks our
society. Men and women find themselves disturbed by
permanent and rapid changes. The
result can be disenchantment, abulia, or unrestraint. Often
the result is an overinsistence on
rights, with no acknowledgement of the duties that
accompany them. Some people opt
for personal happiness, placing a high value on pleasure in
order to “be themselves”. Others
choose to escape, to be self-complacent, to alienate
themselves from the world. Indeed,
some consider themselves incapable of finding integration
with the world.
A look back at history, though,
shows that this crisis is not new and that philosophers,
scientists, and educators have
already formulated ideas and proposals on how to face such
times. Their thoughts form a
common body of ideas that act as a key bone or an axic which is
a global, total, holistic
paradigm. What they have said in response to their circumstance is a
broad, integrated and unifying
answer for our own age. Education must pick up these ideas,
taking advantage of the current
educational reform.
INTRODUCCION
La educación chilena, al igual que en el resto del mundo, se ve
expuesta a innumerables
desafíos que provienen de la dinámica actual de la sociedad en su
conjunto, signada por el
sello del cambio vertiginoso, exigente y profundamente
perturbador. La globalización, las
redes de información, los medios de comunicación de masas permean
al individuo,
entregando, o al menos perfilando, en él una visión de mundo, que
éste hace propia, y de la
cual no necesariamente tiene conciencia. Surge así una inevitable
tensión entre lo universal y
lo singular, situación que implica ventajas y riesgos, entre los
cuales se vislumbra uno difícil
de obviar, “que el carácter único de cada persona, su vocación de
escoger su destino y
realizar todo su potencial, en la riqueza mantenida de sus
tradiciones y de su propia cultura,
se ve amenazada por las evoluciones que se están produciendo” (Delors 1996: 12).
El peligro actual de nuestra cultura radica, entre otras cosas, en
precipitar al hombre a un
vacío ausente de carácter axiológico, y a una desintegración
ética, que se expresa en la
adopción de posturas extremas sobre una u otra materia o en un
relativismo errático, “se
habla de éticas de bolsillo, destinadas a resolver sólo el caso
individual” (Roa 1995: 420. La
atmósfera del vivir evidencia una época del postdeber, proclamando
y enarbolando derechos,
pero soslayando la íntima e indisoluble unión que éstos poseen con
los deberes, observándose
una actitud complaciente o indolente respecto de ellos. La
existencia propiamente humana,
como lo señala Gastón Berger, “no se vive simplemente, sino que se
vive por algo” (cit. en
González 1994: 18); ello
implica que la existencia humana involucra un fundamental
compromiso de sentido, enraizado y proyectado en objetivos libres
y consecuentemente
asumidos. Le Senne enfatizaba: “la única manera de conocer el valor
es tratando de valer,
vivenciando el valor”. Corresponde al hombre sobreponerse y
experimentar esa insoslayable
dialéctica de su desamparo ontológico y el afán de plenitud
subsistencial. Paralelamente, la
sociedad reclama sujetos capaces de insertarse adecuadamente en
esta macluhiana aldea
global, enrostrando a las instituciones acreditadas y creadas, en
su seno, a responder a estas
necesidades. El sistema educativo, entonces, es blanco permanente
de estas demandas, se
exige que la educación fomente en el individuo la capacidad de
apreciar el valor de la libertad
y las aptitudes que permitan responder a sus retos, que lo prepare
para el logro de la
autonomía y la responsabilidad, para que pueda manejar situaciones
difíciles e inciertas. Estas
demandas y exigencias deben ser atendidas, paradojalmente, en
función de una mentada y
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an-tecedida sociedad, que por sus características prospectivas es
esencialmente difusa y
sujeta a error. “¿Cómo podríamos especificar un futuro que no nos
pertenecerá porque será
hecho en el vivir de nuestros hijos e hijas, y no por nosotros
mismos? ¿Acaso queremos
quitarles a ellos la responsabilidad y hacer nosotros el mundo en
que ellos harán y vivirán
especificándolo desde ahora?” (Maturana
y Nisis de Rezepka 1995: 9).
Esta multiplicidad de hechos requiere la adscripción a un
paradigma que permita zanjar o
yuxtaponerse sincrónicamente a esta demandante y maleable
estructura social. Paradigma
que, en términos de Kuhn1, se refiere a una matriz disciplinaria que en un
determinado
momento direcciona el quehacer de la humanidad. Al interior de la
es-tructura social, la
educación cuenta con un inestimable doble estatus puede ser, por
una parte, vocera y
receptora de un determinado paradigma, como ha sucedido la mayoría
de las veces en su
desarrollo, o puede modificar el mismo en función de su propio thelos.
“La educación –formal
y/o informal– transmite las pautas latentes, censura las “visiones”
incompatibles y enseña
el modo correcto de interpretar los estímulos” (Toledo 1996: 3)2.
Se está ad portas de un giro trascendente, prohumano, con la
irrupción de una emergente
conciencia de responsabilidad universal, donde los macrosistemas
confluyen y se
interrelacionan en forma ecosistémica. Dwight Allens dice que el
siglo XX podría ser recordado
en la historia por el triunfo de la Persona; esta nueva
cosmovisión pone en entredicho los
actuales paradigmas educativos, requiriendo perspectivas amplias,
pacientes y concertadas;
perspectivas que sinteticen en forma equilibrada y dinámica los
retos de una sociedad en
cambio, respetando la singularidad del sujeto y el ecosistema3. Frente a esta posible y
emergente aporía se postula un paradigma holístico.
Hombres y mujeres deberán ser sujetos íntegros, autónomos y
responsables de su vivir, pues
lo harán a partir de sí. “La tarea educacional consiste en la
creación de condiciones que guían
y apoyan al niño en su crecimiento como un ser capaz de vivir en
el autorrespeto y respeto
por el otro, que puede decir no o sí desde sí mismo, …y cuya
identidad no se funda en la
oposición o diferencia con respecto a los otros, ...pues no teme
desaparecer en la relación”
(Maturana, Nisis de Rezepka 1995: 11).
PARADIGMA Y EDUCACION HOLISTICA
Holístico, ya en su raíz etimológica holos, “todo”, “entero”,
“completo”, refiere y da cuenta de
un modo de considerar la realidad, primariamente como totalidades,
“todos” , estructuras
cuyos elementos o miembros se encuentran funcionalmente
relacionados entre sí. Una
especie de Espíritu-entidad, Nous, en la concepción de
Anaxágoras y los neoplatónicos, que
compromete todos los procesos del universo. Esta visión de
conjunto-estructura, que define y
da sentido a sus elementos constitutivos, se encuentra, en similares
términos, en los
psicólogos gestaltistas; Ehrenfels planteaba que en un todo
organizado subsiste una cualidad
particular “gestaltqualität”, fuera y por encima de la suma de los
componentes sensoriales,
idea que recoge y profundiza Wertheimer al señalar que “las partes
están, pues, subordinadas
a la totalidad; por ello es imposible comprender un todo
estructural a partir de sus
ingredientes o partes, puesto que los atributos de éstas, en la
medida que son accesibles a
una definición, quedan establecidas mediante sus relaciones con la
configuración total que
integran” (cit. en Papp 1983:
365). En el mismo orden de ideas, Köhler
vincula estos
principios perceptivos al aprendizaje, al sostener el concepto de
Einsicht, como aquella
repentina visión interna, que reviste de pronto en el sujeto, el
objeto o problema, en la nueva
totalidad de la Gestalt.
Kurt Goldstein va más allá de estos principios que guían la
percepción en la psicología
gestáltica, desarrollando la idea de organismos individuales como
entidades “holísticas”, no
sólo en un sentido vitalista. Para él, en todo organismo existe
una relación holística en los
comportamientos; los organismos son, pues, sistemas que funcionan
como un todo, de tal
suerte que un estímulo dado debe producir cambios en el organismo
entero4.
Jan Smutts, por otra parte, reconoce en el holismo un modo de
contestar a la cuestión de
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cómo diversos elementos o factores forman una totalidad o unidad
distinta de ellos en un
proceso de síntesis creadora; los todos resultantes de tal proceso
son dinámicos,
evolucionarios y creadores. En el universo holístico el holismo es
el factor universal y el
concepto básico; en dicho universo todo tiende a la formación del
todo holístico que es la
personalidad.
Quienes adhieren al enfoque holístico testimonian la irrupción de
una nueva era, en donde
todo tiende a unirse. El universo, y todo lo que forma parte de
él, incluida la especie humana,
está unificado, interconectado, en algo global, “somos parte del
mismo proceso que creó a las
estrellas, y estamos hechos de la misma materia. Todas las facetas
de la experiencia humana
intuitiva, imaginativa, estética, emocional y espiritual, así como
el intelecto racional, son
necesarias para captar completamente la profundidad imponente de
nuestra existencia”
(Miller, cit. en Olivos et
al. 1992: 3). Esta interconexión esencial
permite al hombre una
profunda comprensión de la integralidad, que se traduce en todos
los actos de su cotidianidad,
expresándose en una disponibilidad y apertura irrestricta hacia
las demás criaturas en un
amor incondicional y justo, especialmente a aquellos seres de la
naturaleza que se
encuentran en proceso de desarrollo como el niño, sujeto central
del quehacer pedagógico.
Los actuales paradigmas mecánico-causales son “responsables del
actual “desencantamiento”
del mundo que conlleva la desesperanza existencial –o aprendida en
términos psicológicos5–
de la cual somos testigos en nuestro cotidiano vivir. De lo que se
trata, ahora, es revertir esta
simplificada manera de contemplar el mundo, redescubriendo y
reencantando la realidad al
aceptar que no todo lo importante, válido y real se capta por los
sentidos, o se estructura en
una lógica desprovista de sentimientos. Se trata de rescatar la
pluridimensionalidad de la
realidad y la vida,... en una síntesis original, a través de una
vida personal, subjetivamente
vivida” (Montino et al. 1996: 23). Un retorno óntico, en la medida que toda disciplina,
marco
teórico, ámbito, cualquier especificidad, ha sido producto de
abstracciones metodológicas, que
han generado microrrealidades, que afanan nuestro hacer, pero que
no pueden desembocar
en el olvido de que la realidad es una.
Innumerables pensadores han perfilado a lo largo del tiempo ideas
educativas con profundo
sentido holístico. Todos ellos comparten una filosofía que
considera al hombre con todas sus
potencialidades, y que manifiesta un profundo respeto por la vida
y por cada persona. “La
educación holística proclama y reivindica la totalidad del ser
humano; propicia métodos y
técnicas que tienden al desarrollo del ser humano, desde su
nacimiento hasta su muerte, pero
en todas las dimensiones de su ser” (Salas et al. 1995: 17)
Sócrates con su ejemplo de vida y el desarrollo de la mayéutica,
arte de dar a luz la verdad,
testimonia este sentido al decir que no es el maestro el que
enseña al alumno, sino el
interlocutor que “ayuda” a su interdicto a realizar una conversión
sobre sí mismo,
interrogando por medio de la mayéutica hasta que la inteligencia
menos instruida descubre
por sí misma lo que creía ignorar. En Platón, su discípulo, se
encuentra una pedagogía
fundada en dos ejes rectores: la música, indispensable para el
cultivo del espíritu, y la
gimnástica, que fortalece la disciplina necesaria para el
autodominio personal y la energía o
vigor necesario para la búsqueda sistemática del conocimiento. Música
y Gimnástica
constituyen una unidad indisoluble, proporcionando al cuerpo y al
alma toda la belleza y
perfección de que son susceptibles. El sujeto debe decidir si
recorre y asciende la escarpada y
difícil pendiente de la caverna6, para acceder a la contemplación de la verdadera
realidad, o
se mantiene atado a un mundo de sombras. Teilhard de Chardin habla
de la noósfera, un
tejido planetario invisible de conciencia en desarrollo, una nueva
envoltura “más expansiva
que el vapor, más conductora que el metal, más asimiladora que
toda la materia orgánica”
(cit. en Papp 1983: 277). Un elan vital –impulso vital– en términos
bersongnianos, que
subyace a la vida desde sus orígenes, y dirige su evolución
siguiendo caminos divergentes.
Leibniz expresa que, por debajo del universo material, existe una
realidad metafísica que le
sirve de base y lo genera, un universo de mónadas, unidades que
incorporan la información
del todo. Alfred Whitehead describió a la naturaleza como un
conjunto en expansión, cuyos
acontecimientos no terminan en la percepción sensorial; dualismos
como materia-espíritu, son
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falsos, la realidad es inclusiva y entrelazada. El exhorto de
Plutarco se vuelve actual: la
necesidad es escuchar la voz de la ciencia y de la poesía como una
misma melodía creadora
de mundos nuevos. Esta visión de totalidad está bellamente
expresada en una sutra budista:
“En el cielo de Indra se dice que hay una red de perlas dispuesta
de tal manera que si miras a
una ves a todas las demás reflejadas a ella. Del mismo modo, cada
objeto del mundo no es
solamente él mismo, sino que implica a todo otro objeto, y de
hecho es cada uno de los otros
objetos” (Ferguson, cit. en Bohm
1992: 32). El hinduismo, por su parte,
reconoce seis niveles
en la realidad, pero que no son regiones separadas, los niveles
superiores interpenetran
completamente los inferiores, que están formados y sostenidos por
sus actividades, “una
interpenetración unidimensional con equivalencia. Una especie de
holo-arquía existente en
cada nivel de jerarquía” (Wilber, cit. en op. cit., 1992:
181). Esta visión es concordante con
los avances de la física moderna; al decir de Fritjof Capra, “la
teoría cuántica nos obliga a ver
el universo, no como una colección de objetos físicos, sino más
bien como una red compleja
de relaciones entre las distintas partes de un todo unificado…
Todas las partículas se
componen dinámicamente unas de otras de manera autoconsciente, y
en ese sentido puede
decirse que “contienen” la una a la otra” (cit. en Wilber 1992:
182).
Las investigaciones del cerebro han permitido acumular una serie
de antecedentes que vienen
a confirmar gran parte de las reflexiones anteriores. El trabajo
de los llamados
neurocientíficos y biopsicólogos ha reportado evidencias para
entender que a los
comportamientos humanos subyace una base neurobiológica7. Ello ha devenido en el
reconocimiento de una especie de cartografía cerebro-funcional,
donde el reconocimiento de
la hemisferización es el hito señero. Linda Campbell advierte del
peligro involucrado en el
enfoque reduccionista de este hecho, que ha llegado a extremos de
considerar a las personas
como “cerebro derecho” o “cerebro izquierdo”, ignorando la
plenitud de propio ser. No
obstante, esto mismo ha permitido a la educación emerger con
propios bríos en el “reino
autocrático del hemisferio izquierdo, suplantando una democracia
de todo el cerebro en su
provecho” (cit. en Olivos 1992:
46). Los hemisferios resultan, a este
respecto, como
diferentes en términos de la eficiencia con la cual procesan
determinada información.
Los antecedentes en la historia del pensamiento resultan
innumerables, y podrían
eventualmente continuar al infinitum; pero en todos ellos
se ha dejado atisbar una idea
central y conductora, la conciencia de un universo global, que
devela al ser del hombre, y las
restantes criaturas, su interdependencia sustancial. El país no
puede permanecer ajeno a este
sentido y la Reforma Educacional emprendida por la educación
chilena abre promisorias
perspectivas en este aspecto, instando a la educación y los
agentes educativos a ser
protagonistas de este enfoque, que hoy posee un terreno fértil
para su desarrollo. La
presencia de ideas marco, en la reforma emprendida, testimonia su
sentido último: mejorar la
calidad y la equidad del aprendizaje en los alumnos. Esto es un
proceso gradual, y del cual las
instituciones educativas no pueden ni se deben restar, pues
postula vertebrar, desde las
propias escuelas, el cambio esperado y aludido, asumiendo el
Estado la creación y concreción
de las condiciones, estímulos y apoyos para ello.
Este cambio, en primer término, va desde una definición estatal de
planes y programas de
estudios obligatorios, a un marco curricular básico en términos de
objetivos y contenidos
mínimos obligatorios, otorgando libertad a los establecimientos
para que elaboren sus propios
programas. De este modo, las comunidades escolares ejercen la
facultad de desarrollar una
propuesta específica que satisfaga las necesidades de sus alumnos,
expresada en el proyecto
educativo de la institución. En segundo término, se modifican los
criterios de selección y
organización de los objetivos y contenidos de los ramos
tradicionales del proceso formativo,
acogiendo los cambios sociales y culturales propios que el proceso
de modernización del país
plantea.
En este escenario, el educador debe acoger el paradigma holístico
como un modelo
perfectamente congruente con esta oportunidad única. Las
experiencias educativas holísticas
han demostrado su enorme potencial humano: Neill y Summerhill, una
pedagogía de la
libertad; Kurt Hahn y el método hacia afuera; Rudolph Steiner y
sus escuelas Waldorf;
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Pestalozzi, Alcott, Dewey, Freinet, Decroly, Corsini, y tantos
otros. Tal vez estos pensamientos
de María Montessori sean un mejor reflejo de esta fuente
inagotable: “Debemos elevarnos
como seres cósmicos en comunión profunda con el universo y la
eternidad. Debemos
restablecer la unidad de nuestro planeta y de nuestros seres con
el universo y la divinidad.
Debemos tener nuestras raíces en la tierra y nuestros corazones en
el cielo. Debemos vernos
como células de un universo que está cada vez más consciente de sí
mismo y de nosotros”
(Gang, cit. en Olivos 1992:
61).
NOTAS
1 Cfr. Thomas Kuhn, 1993, Posdata: 268 ss.
2 En el mismo orden de cosas Jacques
Delors señala “… el mejoramiento del sistema educativo
obliga al políti-co a asumir plenamente su responsabilidad. En
efecto, ya no puede
comportarse como si el mercado fuese capaz de corregir por sí solo
los defectos existentes o
como si una especie de autorregulación bastara para hacerlo” (Delors 1996: 24).
3 Singh, Karan plantea: “Hay que
preservar la ecología del planeta de las destrucciones
irreflexivas y de la explotación salvaje y enriquecerla en
beneficio de las generaciones que
aún no han nacido; hay que promover un modo de consumo más
equitativo basado en los
límites del crecimiento en lugar del despilfarro sin tasa” (cit.
en Delors 1996: 259).
4 “La psicología de Goldstein está
basada en el principio de igualación de la energía
(homeostasis)… La energía no se puede perder, desaparecer o
acabar, sólo se transforma y
trasmite de una parte a otra del organismo o se descarga cuando
surge un estado de
hipertensión” (Montino et
al. 1996: 119). El organismo sobrevive en el mundo
en la medida
que negocia con el ambiente en su proceso de autoactualización, la
idea de un sistema
abierto, planteada esclarecidamente por Bertalanffy.
5 Véase Feldmann: Psicología con
aplicaciones para Iberoamérica, 1996:
202 ss.
6 Véase La República, Libro VII,
514a ss.
7 Célebres son los casos de Phineas
Gage (descritos por Harlow en el siglo XIX), Andrea Fyie,
y de Cindy Gluccles (cit. en Feldman,
1996: 70; 42 y 73 respectivamente):
“…los dos
hemisferios del cerebro están especializados para dos modos
diferentes de conciencia, dos
maneras diferentes de conocimiento del mundo. El funcionamiento
del modo izquierdo es
verbal, analítico, simbólico, abstracto, temporal, racional,
digital, lógico y lineal. El
funcionamiento del lado derecho es no verbal, sintético, concreto,
análogo, no temporal, no
racional, espacial, intuitivo y holístico” (Salas et al. 1995: 108).
Universidad San Sebastián
Diagonal Pedro Aguirre Cerda 1225
Concepción, Chile
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